Una noche llegué a casa, abrí WeChat y vi que Joe me había mandado un artículo de la cuenta tecnológica APPSO, «La IA está creando una era de demasiadas apps». Trataba del último boletín de a16z: So Many Apps, So Little Time.

El artículo citaba una captura de una búsqueda de «vibe coding» en Xiaohongshu. Todos los resultados eran publicaciones como esta:
¿Por qué todo producto hecho con vibe coding acaba siendo un diario, un control de gastos, un registro de hábitos o una app de notas?
Con todo lo que he hablado de montar una empresa y construir cosas por mi cuenta, cuando miré lo que de verdad había hecho, tampoco lograba escapar de los diarios, los controles de gastos y las apps de notas.
Al fin y al cabo, ¿qué es ParkourNote sino una app de notas?
El informe de a16z señala que, aunque el número de apps nuevas se ha multiplicado, los ingresos que el software genera de verdad apenas se han movido. La mayor parte del software casi no tiene usuarios.
No es que el pastel siguiera igual y los ganadores se lo llevaran todo. Es que, para empezar, no apareció ningún ganador nuevo.
01Cómo empezó ParkourNote
ParkourNote empezó, en cierto modo, por casualidad.
A finales de agosto de este año me sumé al proyecto de investigación de un buen amigo.
Sus datos y su código eran un caos. Me pregunté si podría construir algo para llevar el control de las distintas versiones de los datos y del código, y armé sin más, a base de vibe coding, un pequeño producto.


Cuando lo terminé, mi amigo dijo que estaría genial que también sirviera para leer artículos.
Así que empecé a construir un lector.
Sobre la marcha, me di cuenta de que la parte de control de versiones estaba demasiado verde y, de todos modos, no servía de mucho.
El lector, en cambio, podía ser útil para mucha más gente. Y era algo que siempre me había encantado y que conocía bastante bien.
En el instituto hice campaña con ahínco para prescindir del papel. Mis profesores eran lo bastante tolerantes como para dejarme llevar una tableta a clase para tomar apuntes y estudiar. Mi pasatiempo favorito era recorrer la App Store en busca de todas las apps de productividad que pudiera encontrar.
Antes de la universidad trabajé un tiempo en MarginNote, en atención al cliente y marketing. Allí conocí a Joe.
Quizá una app de notas fuera algo que yo sí pudiera hacer.
Cuando por fin me puse a ello, lo que me dejó de piedra fue esto: un programa así antes me habría llevado meses. Ahora parecía llevar días.
Y ni siquiera días a tiempo completo. Días de mandar unos cuantos prompts y salir hacia el trabajo.
Empecé a sentir cierta emoción. Tantas cosas que antes no podía hacer de pronto parecían posibles.
Antes de esto ya había abandonado demasiados proyectos antes de cumplir dos semanas. Así que esta vez me impuse una sola regla: pase lo que pase, seguir adelante.
No pensar en el mercado, no pensar en las perspectivas, no pensar en si lo que hago tiene algún sentido.
Seguir adelante.
02Un programador perdido
Volvamos a febrero de este año. Me había ido a casa de vacaciones por la Fiesta de la Primavera, el Año Nuevo chino.
Llevaba apenas un par de días en casa cuando Joe me escribió. Había construido un producto y me preguntó si quería verlo.
Nos conectamos por Tencent Meeting y Joe me enseñó su herramienta para indexar vídeo. He editado algo de vídeo y sé lo penoso que es gestionar el material. El software de Joe facilitaba mucho gestionar el material guardado en local.
Le pregunté cuánto había tardado. Joe dijo: «Un día».
Solo unos días antes, en el trabajo, había llegado a la conclusión de que no debía dejar que la IA se hiciera cargo de todo mi código, y de que debía volver a escribirlo a la antigua. Ahora empezaba a preguntarme si había estado usando mal la IA, si había sido demasiado prudente.
Así que, con las palabras de un relato de startup de Silicon Valley en el que llevaba años marinándome, me dije:
Voy a arrancar los frenos y pisar a fondo con la IA.
Antes de irme a casa había preparado en la oficina un conjunto de skills para hacer presentaciones, y me parecía que funcionaban bastante bien. ¿Por qué no convertirlas en una app para hacer diapositivas?
Tras gastarme un dineral en dos suscripciones de Claude Max y quemar más de 200 dólares de crédito de OpenRouter, había construido un pipeline de IA capaz de generar toda clase de diagramas de flujo.
Era, por supuesto, una auténtica porquería, y no se parecía en nada a lo que me había propuesto hacer.
Pero vi algo aterrador: podía construir un proyecto sin mirar el código en absoluto.
Lo que me aterraba no era solo que lo que sabía hubiera dejado de valer de golpe.
Era que ya no sabía qué era lo esencial.
Si no es escribir código, ¿entonces qué? ¿Las ideas? ¿El criterio? ¿El gusto? ¿Y qué son esas cosas?
No sabría decirlo.
Lo que me angustiaba aún más era lo que me decían mis conocimientos de economía a medio aprender: cuando diez veces más personas pueden hacer algo, esa habilidad deja de valer mucho.
¿Acabará la informática como ha acabado hoy la ingeniería civil?
En esos meses no podía parar.
Durante una larga temporada mantuve dos o tres suscripciones de Claude. En el momento álgido llegué a tener seis cuentas de Claude Max en marcha. Gastaba más en IA que en alquiler.
En la oficina me gané un apodo: «el Emperador de los Tokens».
Fuera del trabajo hice una app que tiraba dados para decidir dónde comer, y otra que me ayudaba a preparar el CFA.
Cada una recibió menos de dos semanas de trabajo. Y, por supuesto, ninguna llegó a terminarse.
Estaba ocupado, pero no sabía en qué. Cada vez que iba a casa, mis padres me veían encorvado sobre el portátil con el ceño fruncido. Cuando me preguntaban en qué estaba trabajando, nunca tenía respuesta.
Sentía que lo había hecho todo y, sin embargo, no había hecho nada.
Recuerdo salir por la puerta de la oficina, caminar sin rumbo y pensar vagamente en la vida. Todo el mundo muere, y la vida es corta. ¿Qué podía hacer yo, en realidad?
03Aprender a vivir
Por aquella época me di cuenta de que no dejaba de refugiarme en la cocina.
La última vez que me había pasado fue en la universidad, en Suecia. Las noches polares eran frías y lúgubres, y la comida era aún más desesperante. Un tutor me invitó a comer patatas, porque eran «comida tradicional». Otro me invitó al pescado más salado que he comido en mi vida, también «comida tradicional». Desde entonces, esa expresión me provoca estrés postraumático. Así que empecé a cocinar para mí. Cuando echaba de menos mi casa, amasaba y hacía jiaozi.
Desde entonces, cocinar ha sido un consuelo. El futuro es muy incierto, pero la cocina es algo seguro. Cuando aprendí a moverme por ella, la encontré libre y fiable a la vez: un poco más o menos de condimento rara vez arruina un plato, pero dale suficiente fuego y tiempo y la comida siempre acabará hecha.
Pensaba que cocinar era útil. Me ayudaba con la ansiedad.
Una amiga me dijo que creía que debía buscarme una afición. Me resistí: no la necesitaba, divertirme me generaba ansiedad, el futuro era demasiado incierto. Ella no me hizo caso, insistió en el canto y le presentó a todo nuestro grupo de amigos una profesora de canto. Fui una vez. Fue divertido, y descubrí que mi principal problema era, nada menos, la falta de ritmo. Aun así, no me molesté en volver.
Aunque quizá sus palabras sí surtieron algún efecto. Me había comprado una Switch al empezar a trabajar, pero apenas la usaba, y cuando lo hacía me sentía culpable. En una racha de demasiado trabajo, de pronto resonó en mi cabeza aquel «necesito una afición». Sin darme cuenta había abierto Zelda, y jugué durante dos semanas.
Al cabo de dos semanas lo dejé, sin llegar siquiera a terminarlo. Era divertido, claro. Solo sentía que ya entendía por qué lo era, y por qué tanta gente lo adora.
Otro amigo al que le encanta divertirse no paraba de arrastrarme a un club de go. Le dije que no varias veces y al final fui.
No sé jugar al go. Al salir me puse a hablar con otro principiante que también había ido. A los dos nos parecía un juego interesante, pero ninguno entendía por qué dedicar tiempo a practicarlo y estudiarlo. Total, al final nunca le ibas a ganar a la IA.
Más tarde se lo pregunté al amigo que me había llevado. Me dijo: «Porque así les ganas a otros».
Qué respuesta tan sencilla.
Hace poco cené con un amigo al que conozco desde hace años pero veo poco. Al rato me soltó de repente: «Haces todo como si estuvieras calculando el retorno de la inversión (ROI)».
Me sorprendió un poco. Nunca me había visto así. Siempre me había tenido por alguien que no era ni calculador ni materialista.
Pero dio en el blanco.
Cocinaba para calmar la ansiedad. Jugué a Zelda para averiguar por qué era divertido, y lo dejé en cuanto lo averigüé. Con el go, lo primero que pregunté fue para qué aprender si nunca le iba a ganar a la IA.
Incluso buscarme una afición era algo que hacía porque alguien me había dicho que la necesitaba.
Después volví al club de go unas cuantas veces más.
Empecé a intentar aceptar que, sencillamente, me gusta divertirme, y sencillamente me gusta vivir.
Curiosamente, en cuanto me relajé, el producto también pareció avanzar con más fluidez.
Mientras construía ParkourNote me puse una norma: escribir prompts solo en el breve rato después de levantarme por la mañana, y dejarle el trabajo a la IA. Las noches son para cocinar, leer y divertirme.
Rompo esa norma todo el tiempo. Pero al intentar cumplirla, poco a poco entendí que ningún problema tiene que resolverse esta noche. También empecé a ver que perseverar era posible: si puedo arreglar un problema al día, puedo arreglar 365 en un año.
Trabajando a destajo sin fin, quizá cree diez problemas al día.
Y luego lo abandone en menos de dos semanas.
04Una noche cualquiera
Vuelvo al principio: cerré WeChat, me senté frente al ordenador e investigué sobre Evernote en ParkourNote. He empezado una serie que examina de cerca cómo ha evolucionado el software de gestión del conocimiento personal en los últimos veintitantos años, y quería empezar por Evernote. Pero Evernote no es un programa que conozca bien, y no sabía la historia que había detrás. Así que le pedí a ParkourNote que buscara material y me puse a leer.

Leí sobre las asombrosas rondas de financiación de Evernote, y sobre cómo una empresa de notas pequeña y encantadora, que hasta vendía mochilas y camisetas, fue arrastrada paso a paso por el capital riesgo, entre despidos y un cambio de CEO, hasta que finalmente la vendieron.
Un producto pequeño y encantador, empujado a crecer hasta convertirse en algo que nunca estuvo destinado a ser.
Todavía aturdido, alcé la vista hacia el reloj. Eran más de las diez.
No me lo podía creer. Sentía que hacía mucho que no me sentaba a leer así frente a un ordenador.
Cuando leo artículos en el móvil, los cierro después de deslizar un par de veces. Cuando tengo una pregunta, se la lanzo a la IA por costumbre. De vez en cuando me entra un arrebato de ambición, descargo un montón de artículos y manuales, los organizo con esmero y luego no vuelvo a abrirlos nunca.
Así que, si tengo que creer que hacer ParkourNote significa algo, creo que podría ser esto:
Ahora que las respuestas están siempre al alcance de la mano, quizá todavía necesitemos algo de tiempo para sentarnos en silencio frente al ordenador a leer y pensar.
Ahora que un producto tarda de media un día en hacerse, quizá necesitemos algunos productos dispuestos a construirse despacio y a cambiar despacio. La perseverancia necesita tiempo para demostrarse, pero ir más despacio es algo que podemos hacer ya.
El informe que mencionaba al principio dice que la era de las demasiadas apps no ha producido ningún ganador nuevo. Después de leer la historia de Evernote, eso me asusta menos: Evernote fue un ganador en su día y, aun así, no logró seguir siendo lo que era. Probablemente ParkourNote no será un ganador. Pues que no lo sea. Lo construiré despacio.
Si tú también tienes un montón de artículos que descargaste, organizaste y nunca volviste a abrir, te invito a probar ParkourNote: https://note.parkourlabs.io/?ref=CBRCAXH7. Todavía está sin pulir, y cada mañana arreglo un poquito. Cuéntame cualquier problema que encuentres o cualquier función que quieras. Lo apuntaré y lo iré arreglando poco a poco.
Lo próximo que escribiré será una serie sobre veinte años de software de gestión del conocimiento personal, empezando por Evernote. Si te apetece leerla, sígueme o suscríbete al feed RSS del blog.